La revuelta de las togas: ¡Todo el mundo al suelo!

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Pues sí queridas lectoras, parece que el poder judicial anda revuelto estos días y con ganas de continuar okupando unos cargos que no le pertenecen desde 2018.

Con el ultra-conservador, Carlos Lesmes, a la cabeza del Consejo General de Poder Judicial y del Tribunal Supremo, estos jueces díscolos nos dejan claro que para ellos lo importante es el ejercicio del poder y no supeditarse a los deseos que el pueblo plasmó en las urnas.

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Y no será porqué quienes los auparon a sus cómodos butacones tienen necesidad de mantenerlos allí para que continúen «juzgando» sus casos de corrupción; condenando de forma laxa; perdiendo pruebas; o mostrándose incapaces de ver a M. Rajoy detrás de las siglas de M. Rajoy. Gente que vitorea al Rey y que probablemente, en breve, tendrá que decidir si juzga o no a su padre. Todo un ejemplo de imparcialidad de una institución que a día de hoy no representa a nadie.

Con esta actitud, el poder judicial de este país, parece pretender usurpar el poder del ejecutivo y legislativo tal y como se ha venido haciendo en América de Sur estos últimos años: Conseguir vía apaños judiciales lo que no se consiguió en las urnas. Porque queridas lectoras, sólo se puede entender esa obsesión por mantenerse en el poder de la máxima institución judicial del país, para pervertirlo. Utilizar sus cargos para laminar las instituciones democráticas e influir en las iniciativas legislativas de instituciones que sí que fueron refrendadas por el pueblo.

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