
Pablo Casado se ha pasado a la ficción tras comprobar que en su partido, la realidad supera con creces la ficción más arriesgada. Gurtel, Kitchen, Barcenas, Villarejo, Campeón, Rato, Zaplana son la punta de un iceberg que parece enraizar en lo más profundo de la corteza terrestre.
Fuentes de contrastado prestigio, señalan, que la última jugada de Casado responde, más bien, al interés de no acabar encorsetado en un genero en el que ni él ni su partido se sienten cómodos.
Después de la enésima temporada de Los Sopprano, las precuelas y secuelas de El Padrino, Fariña y Escobar, el líder del PP ha decidido probar con el drama juvenil en un intento desesperado por atraer a un público joven que se siente más atraído por la virilidad hormonal de Vox, que por los negocios de la «famiglia» de su partido.

